-¿Qué hora es?
-9:30, 10
-Ya está oscuro.
-Mh.
-¿Quieres apagar la luz?
-¿No ves que estoy leyendo?
-Bien, me voy a la pieza.
-¿Para qué?
-Estoy cansado.
-Ya, pero sabes bien como recuperar energías.
-¿Qué dices?
-Nada, ve.
Desde la pieza…
-¿Haz visto mi vestido de seda?
-…
-Papá, papá.
-Y ahora qué.
-¿A qué hora viene el cerrajero?
-No sé, pronto supongo.
-…
-¿Vas a salir?
-Puede esperar.
-…
-¿Te molesta que encienda un cigarrillo?
-Si no puedes aguantar
Se acerca al estante y toma una cajetilla de cigarros mentolados.
-¿Quieres?
-Sabes que no fumo de esos.
-A mi me gustan.
Lo enciende y abre un cajón. Saca algunas fotografías.
-¿Qué haces?
-Quería ver las fotos de la mamá.
-Hazlo lejos de mi, y sácate esa porquería de las uñas
-Me dusta el rojo
-¿Sabes lo que hacíamos en el regimiento con los que eran como tu?
-No quiero saberlo.
-¡Vas a escucharme, igual!
-¡Dije que no!
-Los encerrábamos en una cueva durante emanas, en la oscuridad más infinita. Los sacábamos a culatazos con la luz del medio día, los ojos les ardían tanto que nos rogaban que volviéramos a entrarlos.
-¿Cómo lo sabes?
-Dije que apagaras ese cigarro, mierda.
-¿Y si no quiero?
-Todavía tienes la terquedad de un hombre, no todo está perdido.
-Soy mujer.
-No lo eres.
-¿No querías una niña?
-Quería una niña siempre y cuando fuese sana.
-Yo estoy sana.
-Supuestamente, tu estás sano.
-Mi mamita me quería.
-Tu mamita recogía perros vagos todo el tiempo, el corazón de tu mamita daba para cualquier cosa.
-Ya no te quiero escuchar.
-¡Tápame la boca! … de un puñetazo.
-Me voy a mi pieza.
-¿A qué?
-¿Te importa?
-Tu mamá está muerta, esa no es forma de llorarla, esa no es la forma en que la lloraría un hombre.
Mario se va al dormitorio, se sienta frente al espejo, saca el maquillaje y comienza a aplicarse la base.
-Mamá … mi piel es tan suave, la heredé de ti. Que bueno que no tenga bigote como el papá, no tendría como escondérmelo. La base lo arregla todo, pero sin el delineador y el rimel no tendría tus ojos, si cierro los mios todavía recuerdo tu mirada, tus ojos tan oscuros como la noche, ¿será por eso que me gusta tanto? … quien sabe, de todos modos mis labios no se parecen a los tuyos, como cuando me despertabas besándome las manos, por más que bese las mías no puedo recuperar esos recuerdos, parecía que …
-Mario
-El capitán me llama.
-¿Y ahora qué?
-El teléfono está sonando.
Mario va a la mesa y responde con voz grave, la relaja al descubrir quien está del otro lado de la linea.
-Huachi … no es que estamos encerrados con el viejo, una estupidez … en un par de horas, supongo … huevona, ¿préstame tu vestido rojo?
Mira al padre en actitud desafiante y regresa a la pieza. Enciende el equipo de música para escuchar “Un año de amor”. Vuelve a sentarse frente al espejo y se pone un par de aros. El padre vuelve a entrar.
-Te ves aún más asqueroso sin la peluca, es tosco.
-Nunca me haz visto, nunca haz visto a la niñita de tus sueños. Se pone de pie, lo mira a los ojos y le dice …
-¿Te molesta?, quisiera ponerme las medias, las piernas de una mujer no son tan bellas sin medias.
-Recuerda que no vives solo en esta casa.
Cierra la puerta con violencia
-Mamá, no tengo tu cintura, pero si me fajara podría ocupar el vestido gris que usaste para mi graduación. Me gusta el roce de la seda sobre la piel, reconozco que hasta me excita un poco, ¿un trago? … me gusta beber desnuda.
Apaga la luz, abre el armario y saca el vestido, se lo pone con delicadeza y una vez que está listo, se fija la peluca…
-Sí, mamá. Me parezco a ti, soy igual a ti … aunque más alta – dice mientras se pone los zapatos - Si no estuviera tan cansada, bailaría.
Se recuesta en la cama y cierra los ojos, el padre entra y lo queda mirando…
-¿Mariana eres tu?, ¿haz vuelto? … es pesada esa cruz que me dejaste, se viste de mujer … como yo, como esa puta noche en el regimiento. Era un lugar oscuro, el olor era nauseabundo … no como tu perfuma, amor. No como tu perfume.
-Papá
-Mariana
-Papá
-Mariana.